Un búnker judicial
MADRID. COLPISA
El pabellón que albergó el juicio a los responsables del atentado más sangriento cometido en España quedó blindado por un potente dispositivo de seguridad en el que trabajaron las 24 horas del día, y durante los cinco meses que duraron las sesiones, unos 270 agentes de la Policía Nacional. Unidades antidisturbios, de Seguridad Ciudadana, de Inteligencia, artificieros y unidades caninas y de subsuelo hicieron impenetrable a cualquier persona no autorizada el perímetro de seguridad que rodeaba el edificio judicial.

Banquillos en los que se sentaron los 29 procesados. ARCHIVO
Desde que se habilitó este inmueble en 2005, el objetivo policial prioritario es evitar un posible atentado o intento de sabotaje. Más si cabe en este caso, cuando en el banquillo se sentaron varios dirigentes europeos de Al Qaeda, por lo que los medios adjudicados por la Delegación del Gobierno fueron superiores a ocasiones precedentes.
Controles en todos los accesos, presencia visible de equipos antidisturbios, patrullas uniformadas y de contravigilancia, agentes de paisano, dispositivos tecnológicos de vigilancia dentro y fuera del pabellón, inspecciones de alcantarillas, parques y vehículos, y el sobrevuelo permanente de un helicóptero no dejaron resquicios en el plan de seguridad.
La sala de vistas, que acogió al tribunal, los fiscales, 49 abogados (26 defensas y 23 acusaciones), a los 29 procesados, dos traductores simultáneos y a cien personas más de público, estaba dotada de medios tecnológicos avanzados que permitieron la narración internacional en tiempo real del proceso por los 140 periodistas acreditados. Unas cincuenta unidades móviles de televisiones y radios aparcadas frente al pabellón enviaron la información y las imágenes a medios de España, Francia, Bélgica, Alemania, Holanda, Noruega, Suecia, Italia, Gran Bretaña, Suiza y Estado Unidos. Curioso, pero no estuvo acreditado ningún medio de comunicación de países árabes.
Cuatro pequeñas cámaras y 43 micrófonos manejados por un estudio de realización profesional permitieron ver y oír las declaraciones e interrogatorios mientras se alternaban planos del declarante con los del tribunal, los letrados, los acusados y las víctimas. Incluso, una minicámara dotada de 'zoom' y situada sobre la cabeza del secretario del tribunal podía mostrar en las 17 grandes pantallas de plasma, repartidas por la sala y el recinto, los documentos o fotografías del sumario que el tribunal creía conveniente.
Todo el juicio y las traducciones simultáneas realizadas por un equipo de ocho especialistas quedaron grabadas en DVD, lo que ha permitido no sólo su archivo, sino la repetición en cualquier momento de una intervención previa. El equipo se completaba con un sistema de videoconferencia, con traducción simultánea, que se utilizó para el interrogatorio a varios testigos residentes en Italia y Francia, como policías y presos islamistas encarcelados en estos países.
Encerrados en la 'pecera'
La sala de vistas incluía un amplio habitáculo de cristal blindado -la 'pecera'- en el que permanecieron encerrados y con vigilancia policial los 18 acusados que se encontraban en prsión, entre ellos los presuntos jefes del comando, los autores materiales y otros miembros de la célula terrorista. Los once procesados que estaban en libertad provisional, en su mayoría miembros de la 'trama asturiana' o posibles colaboradores del grupo, se sentaron en las primeras filas de los asientos de público, vigilados por agentes de policía.
El resto de los asientos de la sala estaban ocupados por invitados, observadores, periodistas -que disponían además de una sala de prensa específica-, familiares de los acusados, víctimas directas de los atentados y allegados, así como público.
Los afectados por la masacre que asistieron a la vista dispondrá en el mismo edificio de un recinto de uso exclusivo denominado 'sala de víctimas'. Se trataba de una espacio con capacidad para unas 150 personas, independiente de la sala de vistas, dotada de varias pantallas de plasma en las que se trasmitió el juicio por circuito cerrado. También contaba con tres dispensarios en las que se instalaron consultas de médicos y psicólogos, para atender los requerimientos del tribunal o para asistir a las víctimas en caso de ataques de nervios, ansiedad o situaciones o dolencias similares.