Si hay algo de lo que no se puede acusar al alcalde Madrid es de falta de transparencia. El que fuera pupilo de Manuel Fraga y vicepresidente de Alianza Popular ya aseguró en 1999 (cuando el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, renunció a un tercer mandato) que no descartaba que en 2003 fuera el candidato del PP a la presidencia del Gobierno.
Gallardón dio un paso atrás el día que Aznar eligió a Mariano Rajoy como delfín y posible sucesor, y dos al frente tras la victoria de los populares en las municipales de 2007. Con lo que no contaba el edil era con que Esperanza Aguirre, uno de los pesos pesados del partido, iba a cruzarse en el camino de sus aspiraciones. La presidenta de la Comunidad de Madrid puso a Rajoy contra las cuerdas hasta que finalmente éste desistió de incluir a Gallardón en las listas del PP al Congreso.
Cuando la sima entre marianistas y críticos, encabezados estos por la propia Aguirre, se hizo patente, Gallardón no dudó en confirmar su apoyo a Rajoy, que le devolvió la confianza con un puesto en la dirección del partido.