En cualquier otro ámbito una dimisión así condenaría al descrédito. Álex de la Iglesia no sólo prescindió de su gabinete de comunicación y prefirió colgar un comunicado en la web de un diario: es que en la Academia nadie sabía nada de su portavoz. Twitter funciona a impulsos, no cabe la reflexión, y el director de 'Balada triste de trompeta' ha escrito a cada minuto lo que se le pasaba por la cabeza. El mismo día que sueltas la bomba, asaeteado por los medios, no parece muy maduro subir a Internet una foto con Santiago Segura comiendo sushi...
¿Qué discurso de unidad y confianza ofrecerá en los Goya el representante del cine español, cuando ya ha adelantado que al día siguiente deja el cargo? Las dimisiones aplazadas no existen en política: se dimite al momento. Claro que nada más alejado de un político que Álex de la Iglesia, al que incluso se le venía bautizando de ministro de Cultura en funciones. Era difícil imaginar al sarcástico autor de 'El día de la Bestia' en actos oficiales. La Academia, bueno es recordarlo, no es la Administración, sino una organización gremial; su cargo no está remunerado.
Otra cosa es la amplificación que los medios hemos hecho de sus actos y palabras. Su conversión a la causa digital se inició a raíz de una desaforada intervención en un programa de radio. De blasfemar contra los usuarios que se bajan películas ilegalmente pasó a entablar un diálogo a través de Twitter, que derivó en algo obsesivo. De la Iglesia ha 'tuiteado' su día a día con espeluznante puntualidad. 'El show de Truman' en 140 caracteres: ahora paseo al perro, veo una peli con mis hijas, hoy tengo resaca... ¿Hablaba en nombre de sí mismo o en representación de la Academia que preside?
Su publicitada reunión con presuntos 'gurús' de Internet, retransmitida en la red social como si un grupo de adolescentes se pasaran notitas en clase, confirmó su disposición al diálogo. O su inocencia. De ahí a que los internautas marcaran la agenda de los políticos, un paso. El director de 'Acción mutante' encontró almas gemelas entre los defensores de ese concepto abstracto llamado «Red neutral y libre». No cabe enfrentar a creadores e internautas. Todos estamos de acuerdo en lo básico. Los modelos de distribución deben cambiar.
«El acuerdo PP-PSOE-CIU para reflotar la Ley Sinde en el Senado se cobra su primera víctima», titulamos en los periódicos. Álex ya no es amigo de la ministra. El cine español pierde a su carismático guía, quizá el único que puede atenuar la mala prensa que padece y la sangría de espectadores. Interpretaciones políticas aparte, la salud de Álex de la Iglesia agradecerá su salida del escenario. Bregar con la 'ley Sinde', promocionar 'Balada triste de trompeta', preparar la 25 edición de los Goya en el Teatro Real y comenzar a rodar 'La chispa de la vida' se antoja una labor inhumana.
Quizá algo tan prosaico como el estrés no valga para justificar su marcha, pero las reacciones de sus colegas de profesión apuntan en ese sentido. No hay división en el cine español, sino asombro y cabreo ante la marcha de su mejor embajador, cuya actitud vital quizá resultaba incompatible con el puesto. Al hombre orquesta se le han caído los instrumentos. Actuar en tres pistas del circo tiene esos peligros. "No puedo imponer mi forma de ver las cosas al resto de los compañeros de la profesión, y pido disculpas por ello", escribía en su enésimo 'tweet'. Por un momento, el loco estuvo al frente del manicomio.
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Belén Rueda, sobre Álex de la Iglesia
