Con Icíar Bollaín todo parece fácil. Ser actriz, ser guionista, productora, o directora. Ser mujer en territorio de hombres. Ser madre. Triunfar. O todo a la vez. La polifacética creadora se ha ganado un nombre propio en el cine español a base de tesón y esfuerzo; logrando introducir un nuevo discurso y consolidarlo con el aplauso de crítica y público.
Poco inclinada a prodigarse en los medios, la también vicepresidenta de la Academia de Cine es uno de los personajes más discretos de la farándula española. No lo necesita. Sus trabajos son su mejor tarjeta de visita. A punto de cumplir 44 años, su carrera cinematográfica se puede definir como impecable. Desde su primera película como directora, 'Hola, ¿estás sola?, la madrileña ha optado al Goya en esa categoría en cuatro de los cinco largos que ha firmado. Un camino por la senda del ascenso que ha logrado el cénit con su último trabajo, 'También la lluvia', un filme revisionista con el que ha logrado 14 candidaturas a los premios Goya y que a punto ha estado de hacer carrera en los Oscar de Hollywood al ser preseleccionada en la categoría de mejor película extranjera.
Hija de un ingeniero aeronaútico y una profesora de música, la madrileña debutó en el mundo del cine a los 15 años de la mano del director Víctor Erice, quien le confió un papel en la película 'El Sur' en 1983. La segunda moción de confianza se la ofrecería Felipe Vega cuatro años más tarde en 'Mientras haya luz'. Y desde entonces no ha parado. Los compromisos profesionales comenzaron a lloverle, hasta atesorar más de una veintena de títulos firmados por cineastas como José Luis Cuerda, Manuel Gutiérrez Aragón, José Luis Borau, Chus Gutiérrez o el mismísimo Ken Loach, bajo cuya batuta trabajó Bollaín en 1994 con un papel en 'Tierra y Libertad'. A casi película por año, Icíar Bollaín se convirtió en una actriz en permanente estado de gracia, aunque su primera y única opción a un premio Goya como intérprete fue en el año 2000 por su papel en 'Leo'. También fue elegida Mejor Actriz Española por la revista Cartelera Turia en 1992 y, un año más tarde, recibió el Premio Ojo Crítico II Milenio de Radio Nacional de España.
Un soplo de aire fresco
En 1995 probó suerte en la dirección. Y acertó. Tras firmar un par de cortometrajes, se lanzó de cabeza con 'Hola, ¿estás sola?', un soplo de aire fresco en la cinematografía española que le valió una nominación como directora novel. No sería la única candidatura de su carrera. De los cinco largos firmados por la madrileña, cuatro han optado al Goya a la Mejor Dirección, aunque hasta el momento sólo uno de ellos ha acabado en sus manos en esta categoría, el de 'Te doy mis ojos'. Su incursión en los vericuetos de la violencia de género fue la gran sorpresa en 2003, año en que el tesón de Bollaín fue recompensado con siete estatuillas cabezonas, entre ellas la correspondiente al Goya a mejor película, mejor dirección y mejor guión.
Además de la violencia de género, la cineasta ha abordado temas como la conciliación familiar y laboral, en 'Mataharis', o dibujado un curioso retrato de la inmigración, en 'Flores de otro mundo', película en la que brindó a Luis Tosar -uno de sus actores fetiche- su primer papel protagonista y su primera nominación a los premios Goya, en este caso como actor revelación. Su último trabajo, 'También la lluvia', incluye de nuevo la crítica social, enmarcado en este caso en las andanzas de un equipo cinematográfico en Cochabamba que intenta sacar adelante un rodaje sobre Cristóbal Colón cuando se ve envuelto en la llamada 'Guerra del Agua' boliviana.
Un proyecto arriesgado, con historia dentro de la historia y libreto de Paul Laverty -guionista habitual de Ken Loach y compañero sentimental de la actriz-, que confirma una vez más a Bollaín como cabeza visible de una nueva casta de directores con marcado sello personal que poco a poco han conseguido introducir un nuevo discurso en la cinematografía española. Una manera de contar las cosas que apuesta por la sencillez; por dibujar historias y personajes con una gruesa línea de coherencia que traspasan al espectador y se incrustan en retina y alma. La creatividad al desnudo, la fidelidad de retratar al semejante. La opción de reconocerse en una pantalla que, bajo su batuta, pasa de refugio mágico a ventana abierta al mundo real y sus miserias. El talento no usa artificios. Ni falta que le hace.
